Política

Milei navega los vientos del mundo

Política 2026-09-08 07:00:04

La ambigüedad malvinera de Trump; la raíz del problema está en Irán; voces israelíes a favor de la Argentina; las paradojas de Navitas y Elsztain; el Mago Caputo incrementó su caja y ordenó: “Márquenlos”; la oleada nacionalista

El mundo está recorrido por los vientos de la historia, que tienen algo que ver con la intervención humana y mucho que ver con el azar. El presidente Javier Milei, en estos días, navega una escena internacional que le es ajena a la Argentina pero que le ha dado al oficialismo la posibilidad de recuperar la iniciativa discursiva, una obsesión de los estrategas de marketing de los gobiernos. Esos estrategas consideran que un activo muy importante de quien posee el poder es condicionar los temas sobre los cuales se está hablando, aún cuando esa agenda le juegue parcialmente en contra o sus argumentos no sean del todo convincentes. Que se hable de lo que el oficialismo quiera que se hable le otorga centralidad.

En esta oportunidad, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ya le había hecho un extraordinario e inigualable favor a Milei con la extensión de una ayuda financiera en un momento en que la Casa Rosada se encontraba acorralada en el campo financiero, produce ahora una novedad que, con toda rapidez, Santiago Caputo, el “mago del Kremlin”, utilizó para construir una escenografía para el Presidente. Se trató de la declaración ambigua del presidente norteamericano sobre las islas Malvinas.

El editorial de Carlos Pagni (07/09/2026)

Trump, al ser consultado sobre si en EE.UU. estaban dispuestos a abandonar la estricta neutralidad que mantuvieron siempre en relación al conflicto alrededor del archipiélago, dijo: “Yo estoy acostumbrado a revisar siempre mis posiciones”. Antes siquiera de tener tiempo para revisar esa misma afirmación, el Gobierno le tomó la palabra y montó un enorme experimento de comunicación, cuya culminación se evidenció el jueves con la cadena nacional del Presidente sobre Malvinas, la explotación de los recursos cerca de las islas y la necesidad de militarizar el Atlántico Sur para reivindicar la soberanía, avances que contarían con el apoyo de Trump.

El aprovechamiento de la escena por parte de Milei le permite al mismo jefe de Estado volver a tomar las riendas, aunque sea por un tiempo, de una escena política que le viene siendo esquiva desde la crisis de Manuel Adorni. Lo hace a partir de una causa, definida por el mismo Caputo en un tuit como “sagrada”, como Malvinas, que es transversal en la Argentina. Es difícil que alguien pueda oponerse a aquella reivindicación, que adquiere dimensión nacional.

El presidente Javier Milei en cadena nacional junto con sus ministros

Milei protagonizó un discurso con varias novedades. Lo que él presenta como un hecho político propio, en realidad es la consecuencia de un partido que se está jugando en otro lugar y por otros motivos. Entre los vientos del mundo, sobresale la vocación de Trump -y también de los Estados Unidos- de modificar algunos criterios de política internacional. Es el telón de fondo sobre el cual se inscribe la discusión en torno al archipiélago. Está asociada a un hecho traumático extendido en el tiempo: el conflicto en Irán.

En el mes de marzo, la administración Trump reclamó al gobierno laborista del Reino Unido la utilización de una base militar en la isla Diego García, en el Océano índico. La isla tiene soberanía británica, pero las instalaciones son norteamericanas. Hay una peculiaridad: Estados Unidos, para utilizarla, debe tener la aquiescencia del Reino Unido. Trump quiso usar la base para atacar a Irán desde el Índico y el entonces primer ministro Keir Starmer le negó la solicitud. Justificó su decisión en que las instalaciones solo pueden ser empleadas en términos defensivos, y consideró: “Estados Unidos no está bajo ataque”. Fue un doble agravio hacia Trump, originado en el mayor aliado histórico que ha tenido EE.UU. en materia militar en la historia contemporánea.

El presidente Donald Trump saluda al presidente argentino Javier Milei en la Casa Blanca

A partir de allí, como narró inteligentemente Jorge Liotti para LA NACION en su momento, se filtra un cable del Pentágono, más ligado a la defensa, lo bélico y militar que a la diplomacia, donde se sugiere que los Estados Unidos podrían revisar su neutralidad en el conflicto por Malvinas. Trump presiona además para que los socios europeos de la OTAN aporten el 3% de su PBI para el sostenimiento de la alianza, algo que Inglaterra negó hacer también. Es entre estos inesperados e inusuales malentendidos que resurge la cuestión Malvinas.

Los dichos de Trump sobre el archipiélago fueron tomados por el Gobierno como definitivos y motivaron una serie de anuncios que sitúan a Milei al frente de una campaña de “malvinización” que hasta ahora no había existido en su gobierno. Es siempre propio del poder presentarnos lo que a veces es producto del azar como una estrategia deliberada. El poder describe la historia como un curso que funciona en favor de quien lo ostenta. El Gobierno argentino abona esa premisa. Lo que parece una carambola entre Gran Bretaña, Irán y Estados Unidos, se transforma en un plan. Caputo asegura que “todo marcha de acuerdo al plan”.

El canciller argentino, Pablo Quirno

Así comienza un programa que esconde tanto paradojas como novedades. Primero, establece sanciones para las empresas que realicen negocios con el gobierno kelper, sobre todo en el sector de los recursos naturales y especialmente en el rubro petrolero. El lunes por la tarde, el canciller Pablo Quirno, sostenido por el Procurador del Tesoro Sebastián Amerio, avanzó en una denuncia penal en contra de un par de empresas que realizan una exploración -que pronto será explotación- en el área de Malvinas, que la Argentina reivindica como propia. Se trata de concesiones que ofrece el gobierno del archipiélago. La administración Milei, por su parte, asegura que quien incurre en esa actividad no solo infringe la ley sino que se verá impedido de hacer cualquier tipo de negocio en la Argentina.

Aquel proyecto petrolero, denominado Sea Lion, está siendo ejecutado por un consorcio compuesto de dos empresas: la isrealí Navitas (75%) y la inglesa Rockhopper (35%). Es una situación incómoda para Milei que se trate de una compañía israelí ya que está ligada a un país con el cual el Presidente tiene su vínculo más estrecho.

Una plataforma de exploración petrolera en cercanías de las islas Malvinas

Pero hubo otros movimientos inesperados previos. Yair Netanyahu, el segundo hijo del primer ministro israelí, emitió un tuit en el mes de septiembre del año pasado que no pasó inadvertido. Decía que las Malvinas eran argentinas. Su comentario estaba ligado al reconocimiento del Reino Unido del Estado palestino. La publicación fue una especie de respuesta a aquella postura, con la intención de molestar al Reino Unido en sus intereses en el Atlántico Sur.

Esta línea, en la actualidad, continúa. La tensión entre Israel y el gobierno laborista del Reino Unido se mantiene. Sin ir más lejos, el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, -quien es un aliado de derecha de Netanyahu pero no pertenece a su partido- le pidió al primer ministro que reconozca la soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Pide además sanciones contra Gran Bretaña por la ocupación del archipiélago. Parece casi un ministro argentino. Milei tendría derecho a decir que su política exterior, basada en el alineamiento con EE.UU. e Israel, está rindiendo frutos en esta materia, aún cuando dichos resultados fueran retóricos o casuales.

El primer ministro británico Andy Burnham en Londres

Hay más paradojas. Alrededor de las declaraciones de Trump y la “malvinización” del oficialismo, aparece un dato que se conocía desde 2017, cuando lo publicó en Clarín Natasha Niebieskikwiat, pero ahora adquiere más relieve. Jorge Liotti, en su columna del domingo para LA NACION, recuerda que uno de los empresarios argentinos más ligados a Milei, Eduardo Elsztain, empezó en 2017 a ser accionista de la compañía de las Falklands Island Holding -que cotiza en Londres- que es la controlante de Falklands Island Company, la empresa que administra los negocios de las islas. Al tirar de esa piola, es posible advertir que los negocios de Elsztain con la empresa que maneja al archipiélago son muy anteriores. Se remontarían a 2007. Inclusive habría habido gestiones en el 2008 de John Major, que fue primer ministro británico en los ‘90, para que Elsztain pudiera intervenir en aquellos negocios petroleros. Es otra situación incómoda para el oficialismo. Elsztain es, acaso, el empresario más cercano a los hermanos Milei.

Las principales empresas de servicios petroleros, algo que el canciller Quirno se encargó de publicitar enfáticamente, desde Halliburton hasta Schlumberger, anunciaron que no harán negocios en Malvinas. Fue a partir de las sanciones que quiere establecer el Gobierno con una ley proyectada sin éxito por Eduardo Menem, padre del actual presidente de la Cámara de Diputados, y que luego retomaron Pino Solanas y Cristina Kirchner en 2011.

El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, instó al primer ministro Benjamin Netanyahu a reconocer la soberanía argentina sobre las islas Malvinas

¿Por qué empresas de primer nivel internacional como Halliburton o Schlumberger dan la razón a Quirno y deciden no prestarse a sanciones argentinas”? Porque hay una novedad en los últimos años: Vaca Muerta. Cualquier empresa de servicios petroleros, si debe elegir entre Malvinas y Vaca Muerta, elige Vaca Muerta. Esta es la dimensión del negocio del shale gas y el shale oil en esa formación de la provincia de Neuquén. Otra novedad que cambia la relación de la Argentina con el mundo de la energía.

Alrededor de esta discusión de Malvinas hay otra innovación, y acá se ve la viveza de Santiago Caputo: con la nueva excusa, dotan de más recursos a la SIDE, que tiene que identificar a todos estos agentes británicos. $30.000 millones más para un organismo que sigue aumentando sus recursos y está bajo la órbita política de Caputo, a pesar de que no es funcionario, sino asesor.

El asesor presidencial Santiago Caputo en la Cada Rosada

$219.000 millones a las Fuerzas Armadas. Entre otras cosas, porque ahora se debe construir una base naval proyectada desde hace tiempo en Tierra del Fuego. Una base de aprovisionamiento a la Antártida, que eventualmente cumpliría un papel importantísimo si un día, en un mundo hipotético, se desatara un conflicto entre China y Estados Unidos. Debería asistir a los barcos que pasaran por el sur en esa guerra eventual, ya que los grandes portaaviones norteamericanos no pueden pasar por el canal de Panamá. Vamos a construir esa base seguramente con algún tipo de asistencia norteamericana. Es una base que miran con mucha atención los chinos, que en su momento quisieron construirla.

La tercera reasignación presupuestaria de Caputo fue de $119.000 millones para la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Todas estas son áreas de Caputo dentro del Gobierno. Es decir, con toda rapidez, no solamente vio el discurso sino que vio la plata. Inteligente, astuto.

Las islas Malvinas

¿Qué consistencia tiene la política de Trump en relación con esta declaración? No lo sabemos. No sabemos si está muy contento con la forma en que el Gobierno argentino se montó sobre sus palabras, escriturando lo que dijo, o si necesita alguna flexibilidad. Habrá que ver de qué hablaron hoy Trump y Andy Burnham, el primer ministro británico, también laborista, sucesor de Starmer, en la primera conversación telefónica que tuvieron después de estas declaraciones relativas a Malvinas.

Hay una paradoja más. No sabemos hasta dónde Trump va a llevar esa insinuación, que no fue más que una insinuación, en la que dijo que él revisa todo, que todas las posiciones son susceptibles de ser revisadas. Esto habla mucho de su personalidad, en este y en otros planos. Es un empresario acostumbrado a negociar y, como todo negociador, insinúa posiciones ambiguas para que el otro se sienta presionado. No es para usar la palabra extorsión, pero se parece a esa conducta.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

¿Hasta dónde querrá quedar Trump atrapado en la posición que ahora lo obliga a adoptar el Gobierno argentino? No lo sabemos. Más cerca de la posición argentina parece estar el ministro Itamar Ben Gvir, de Israel. Y mucho más cerca, acá está la paradoja, China, que viene sosteniendo desde siempre que las Malvinas son argentinas. Lo sostiene inclusive en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. Porque China pretende garantizar un principio de unidad territorial que se proyecta sobre su propio problema en Taiwán, sobre el que también la República Popular China reivindica la soberanía. Es un tema central de la política china y de la política internacional.

Este panorama de novedades se combina con otra novedad: un tono discursivo relevador. Milei, en su discurso del jueves, fue muy prudente respecto del nivel de agresividad de lo que decía. En cambio, Santiago Caputo, en su cuenta de X, dice cosas novedosas. Quiero señalar dos. La primera: “Defender nuestra soberanía y recuperar nuestras Islas requiere ser una nación políticamente, económicamente influyente y militarmente respetable”. Parecen las tres condiciones del peronismo.

El posteo en X del asesor presidencial Santiago Caputo

Es difícil encontrar, desde 1983, la expresión “militarmente respetable” dicha por un funcionario del Gobierno. Caputo no lo es, y acá está también su ambigüedad. De esa expresión habrán tomado nota seguramente los vecinos, Chile, Brasil y, obviamente, el Reino Unido. La palabra “militarmente”, ligada a Malvinas, evoca conflicto armado. Todos los gobiernos desde 1983 han evitado usar la palabra “militar” en relación con Malvinas. Milei no la usó, pero Caputo sí.

Otra publicación de Caputo en X por la que uno tiende a pensar que tiene un gran sentido del humor, por la intensidad de lo que dice: “La totalidad de la gente llorando son agentes de la corona británica, son espías. Márquenlos”. ¿Qué quiere decir “márquenlos” en boca de alguien que maneja la SIDE? Son palabras nuevas, intensidades nuevas.

Otro posteo en X del asesor presidencial Santiago Caputo

Aparecen una agresividad y un tono nacionalista que no coincide con un gobierno liberal. Este es un gobierno liberal en lo económico, pero con rasgos populistas y nacionalistas muy marcados en lo político.

Lo curioso es que las palabras de Caputo hacen juego con algo que dijo Trump, también muy inquietante. Una periodista británica le preguntó por Malvinas. Uno nunca sabe hasta dónde él es consciente del significado profundo y de las derivaciones de lo que dice: “Yo recuerdo la guerra de Malvinas y yo estuve allá”. Como si hubiera estado en Buenos Aires en aquel momento. “Y ustedes lo hicieron muy bien -ustedes, los ingleses-, lo hicieron rápido. Ahora no estarían en condiciones de hacerlo. Ahora son otro país”. Otra humillación al Reino Unido, porque hoy no son aquel país, no tienen aquel poder.

¿Por qué importa esto? “Militarmente respetable”, dice Caputo. En ese discurso de Trump también aparecería lo bélico, porque está comparando 1982 con una escena que se supone militar. Lo que obviamente se entiende de su declaración es que el Reino Unido no estaría en condiciones de recuperar las Malvinas frente a una invasión. Son novedades que hay que anotar de un clima que cambia inspirado por los vientos del mundo.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump y el rey Carlos III de Reino Unido

Hay una radicalización general que hace que Alternativa por Alemania, la ultraderecha alemana, gane espectacularmente una elección en Sajonia y que el canciller alemán, democristiano, diga que es una derrota como no se vio en décadas. Esto cambia todo. Los europeos están mirando esa elección. Todos los partidos de centro y centroizquierda miran este resultado, y también los de ultraderecha, que se entusiasman. Hay que recordar que Alternativa por Alemania es el partido al que aplaudió Elon Musk, en su momento aliado de Donald Trump.

¿Ese discurso nacionalista que se filtra en el debate argentino está encapsulado en un gobierno que se mira a sí mismo o tiene algún vínculo con la realidad? Una encuesta muy interesante de Shila Vilker, de Trespuntozero, indica algunos datos sobre este tema.

Ante la pregunta sobre cuán nacionalistas se consideran los consultados, el 83,5% respondió que muy o bastante. El 53,6% se definió como muy nacionalista y el 29,9%, como bastante nacionalista. El 11,1% se identificó como poco o nada nacionalista.

Encuesta: identidad nacionalista

Al analizar las respuestas según el voto, el 93,9% de quienes eligieron a Sergio Massa en las elecciones de 2023 se considera muy o bastante nacionalista. Esa proporción alcanza el 78,7% entre los votantes de Javier Milei y el 78,3% entre los de Patricia Bullrich.

Encuesta: identidad nacionalista

Es un descubrimiento, o por lo menos se está detectando algo que no sé si se veía tan claramente. Tal vez sí, tal vez lo vimos durante el Mundial. Tal vez esto explica el fracaso de la Ley de Tierras, porque en contra de este espíritu nacionalista que exhibe hoy, hace quince días el gobierno de Milei introducía un debate que lo llevó a una derrota en el Congreso por querer bajar los niveles de restricciones para la posesión de tierras por parte extranjeros en la Argentina.

El nivel de nacionalismo que muestra la encuesta es novedoso, sobre todo porque estamos camino a una campaña electoral. Esto va a ir modelando la agenda y el discurso electoral.

Durante mucho tiempo, las posiciones de Brasil fueron un factor que modeló la política o la historia nacional. La semana pasada, un grupo de diputados y una senadora de la oposición, algunos aliados momentáneos del Gobierno, visitaron Brasil: Massot, Lousteau, Tolosa Paz, Paulón, Ferraro, la senadora Florencia López y el presidente del bloque peronista, Germán Martínez.

Se reunieron con el canciller Mauro Vieira y con el principal asesor de política exterior del presidente Lula, Celso Amorim. Entre los temas que hablaron con Vieira estuvo la conveniencia de que Brasil y la Argentina tengan una política común en relación con el Atlántico Sur.

El senador brasileño Flavio Bolsonaro y el presidente argentino Javier Milei

El de Brasil es un gobierno en tensión con Estados Unidos. A pesar de que Trump les dice a sus amigos que tiene respeto por Lula. Aún así, Estados Unidos interviene fuertemente en la elección brasileña para que la gane el hijo de Bolsonaro, Flávio Bolsonaro.

Esta es la política de la oposición a Milei, frente a un presidente que sigue enemistado con Brasil. Tan enemistado que ayer 7 de septiembre, cuando los brasileños celebran su independencia, en la fiesta organizada por la Embajada de Brasil no se vio a ningún funcionario de alto rango de Cancillería. Se comenta en Cancillería que la enemistad entre ambos gobiernos es tan intensa que el canciller Quirno prohibió a los funcionarios con grado de director hacia arriba asistir a esa fiesta.

Son los vientos del mundo y de la región, se han metido en la campaña y le permiten a Milei volver al primer plano en una materia crucial: la materia política de cara a las elecciones. Desplazan el malestar económico y a un gobierno vapuleado políticamente desde la crisis de Adorni.



Fuente: LA NACION (extraído usando lector RSS).



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